¡No me escondas tú el secreto de tu corazón! ¡Dímelo a mí, que soy tu amigo, solo a mí!... Dímelo tan dulce
como te sonríes, que no lo oirán mis oídos, sino mi corazón.
La noche es profunda; está la casa silenciosa; el sueño amortaja los nidos de los pájaros... ¡Anda, dime tú, en un
llorar vacilante, en un tímido sonreír, en una dulce vergüenza, en un dolor dulce, el secreto de tu corazón!
(Rabindranath Tagore)
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